27.12.05

BARRY ALLEN (1 DE 2)

El renacimiento de Flash

Durante la década de los cincuenta, el género de los superhéroes casi había desaparecido del mundo del cómic. Sólo Superman, Batman y Wonder Woman habían conseguido resistir en los quioscos, y era gracias a historias de ciencia-ficción que los acercaban a los gustos de la época. Las historias de marcianos estaban de moda, y también las del oeste y las que trataban los complejos romances de castas jovencitas. Muchos de los artistas que despuntarían en los años sesenta se dedicaron a este tipo de historias hasta que llegase el momento de que los héroes con trajes de colores y poderes imposibles volvieran a estar de actualidad. Uno de ellos era Carmine Infantino, que años después sería el responsable del relanzamiento de Batman y, por supuesto, Flash, un personaje al que ya había dibujado durante los cuarenta. Sin embargo, el héroe al que iba a revitalizar no era el mismo.

Jay Garrick, el primer Flash, llevaba sin aparecer por los quioscos desde hacía bastante tiempo. En 1948, se canceló la serie Comic Cavalcade, en la que compartía protagonismo con Wonder Woman y Green Lantern. Un año más tarde, en febrero de 1949, se canceló Flash Comics, donde también vivía aventuras en solitario. La colección donde se editaban sus aventuras con la Sociedad de la Justicia de América duró un poco más, pero también desapareció en 1951. El pobre Jay cayó en el olvido como otros tantos de sus contemporáneos. Pocos años antes de su desaparición, DC había comprado los derechos de todos estos personajes a All-Star Publications, pero no tuvo tiempo de disfrutar de la enorme popularidad de la que habían gozado durante la Segunda Guerra Mundial. De todos aquellos héroes, sólo Wonder Woman siguió adelante de forma ininterrumpida.

En 1956, Julius Schwartz echó números y vio que, aunque la temática estuviera muy enfocada a la ciencia-ficción, los tres superhéroes “supervivientes” (incluyendo a Superboy, la versión juvenil del Hombre de Acero) seguían funcionando bien. Si a eso se le añadía la buena acogida que había tenido un nuevo personaje llamado Detective Marciano y que se había rescatado a Aquaman del olvido, parecía un buen momento para que los superhéroes volvieran.



El elegido fue Flash porque, al fin y al cabo, era el personaje más popular de la All American después de Wonder Woman. Schwartz reunió al guionista Bob Kanigher, a Infantino y a Joe Kubert como entintador para resucitar al personaje en Showcase nº 4 (septiembre de 1956). Pero el Flash de los nuevos tiempos no sería Jay Garrick sino un nuevo personaje llamado Barry Allen. Es curioso que una de las razones para el cambio fuera que el uniforme de Garrick se había quedado anticuado, porque aun hoy en día sigue llevando el mismo traje. A pesar de todo, Barry Allen debutó con todos los honores a finales de 1956 y repitió en los números ocho, trece y catorce de Showcase.

Barry Allen era un policía científico bastante ensimismado e impuntual que, una noche de tormenta, fue alcanzado por un relámpago mientras manipulaba productos químicos en su laboratorio. En lugar de matarlo, el accidente le dio el poder de moverse a supervelocidad, como pudo comprobar enseguida cuando unos bandidos amenazaron a su novia Iris West. Cuando vio de lo que era capaz, el tímido policía decidió poner su poder al servicio de la justicia y se llamó Flash en honor al personaje de cómic cuyas aventuras había devorado durante la infancia. Su primer supervillano fue la Tortuga (Hombre Tortuga, al principio), que era justo su antítesis, un ser capaz de hacer que todo se moviera lentamente.

En aquellas primeras apariciones en Showcase, se sentaron las bases de lo que sería toda la trayectoria del segundo Flash. Aparecieron Iris West, Central City, un par de villanos recurrentes como Míster Elemento y el Capitán Frío y, por supuesto, su traje rojo. Carmine Infantino diseñó el nuevo uniforme para que, cuando corría, Flash pareciese un borrón rojo y amarillo, de ahí la capucha que el personaje original no lucía. Con todos los elementos, Flash se convirtió en un éxito instantáneo que desencadenó el resurgir del género superheroico conocido como “edad de plata”.

Los años de éxito

La popularidad de Flash propició la aparición de su propio título, titulado simplemente The Flash. La colección continuaba con la numeración de Flash Comics, con lo que su primer episodio fue The Flash nº 105 (febrero de 1959). Las andanzas de Barry se prolongaron hasta el número 350, publicado en octubre de 1985. A Carmine Infantino se le unió desde el primer número el guionista John Broome, que sustituyó así a Kanigher como escritor del nuevo velocista.



Desde aquel primer número hasta el 174 (noviembre de 1967), Broome e Infantino desarrollaron a toda una pléyade de supervillanos y secundarios. Como tantos otros autores de la época, el dúo fue de lo más prolífico en este aspecto, tanto que la mayor parte de sus creaciones siguen vigentes en la actualidad. Los enemigos de Flash se presentaron desde el principio como versiones descafeinadas de los villanos de Gotham City. Eran todos unos tíos bastante raros, pero les faltaba ese componente psicótico que hacía que los enemigos de Batman fueran tan característicos. Los enemigos de Flash eran simples ladrones que, con algún artefacto raro, disfrutaban fastidiando la vida de su némesis. A los ya conocidos Míster Elemento y Capitán Frío, Broome e Infantino añadieron al Amo de los Espejos original (nº 105), Gorila Grodd y el Flautista (nº 106), el Hechicero del Clima (nº 110) y el Capitán Bumerang (nº 117), por citar sólo a algunos. En The Flash nº 130, cinco de estos malvados se unieron para formar la primera encarnación de la Rogue Gallery o Galería de Villanos.

Además de a los villanos, Broome e Infantino nos presentaron durante los sesenta a dos ayudantes del Velocista Escarlata que, con el tiempo, se han ganado su propio lugar en el Universo DC. Uno fue Wally West, el joven sobrino de Iris que se convirtió en Kid Flash en el número 110 (1961). El otro, el entrañable Hombre Elástico, que debutó dos números más tarde y colaboró en varias ocasiones con su amigo Barry. Por si no fuera suficiente, Barry contó en el número 123 (1963) con un invitado muy especial. Se trataba de Jay Garrick, el primer Flash, que vivía en la ciudad de Keystone City en Tierra-2, el mundo paralelo en que DC ubicó a los personajes “antiguos” de la edad de oro. Como ya hemos visto en anteriores ocasiones, fue aquel número el que, con el tiempo, hizo que el multiverso DC se embrollara tanto que fueron necesarias las Crisis en tierras infinitas. Los otros amigos de Barry fueron los miembros de la Liga de la Justicia de América, de la que fue fundador y primer presidente. Entre ellos estaba Green Lantern (Hal Jordan), del que se hizo gran amigo y con quien compartió aventuras fuera del grupo.

Como todo lo bueno se acaba, Broome e Infantino dejaron The Flash en el número 174 (noviembre de 1967) en manos de otros autores. La competencia de Marvel ejerció una forzosa influencia en muchos títulos de DC, y en las aventuras de Barry fue ganando terreno el conflicto amoroso como parte del proceso de maduración del personaje. Con autores tan capaces como Irv Novick, Mike Friedrich y Don Heck, Barry siguió con sus villanos, sus amigos y su eterna novia Iris, pero cada vez se distanciaba más de los lectores. La colección siguió adelante hasta mediados de los ochenta, pero nunca tuvo la popularidad de sus comienzos. Esto no quiere decir que no tuviera calidad, porque la llegada de Cary Bates en The Flash nº 209 (septiembre de 1971) supuso un nuevo avance para el personaje.

Y mañana, el Juicio de Flash, su muerte y las revisiones post Crisis.

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