28.7.06

JSA: LA EDAD DE ORO

Guión de James Robinson.
Dibujo de Paul Smith.
Contiene JSA: The Golden Age TPB (The Golden Age nº 1 a 4).
Planeta DeAgostini Comics, 192 páginas, 13,00€.

Originalmente publicado en 1993, este "Otros Mundos" de cuatro entregas supuso todo un hito para unos personajes que no pasaban por su mejor momento. Hoy en día, estamos acostumbrados a que DC mime a sus personajes de la edad de oro, pero recordemos por qué momento pasaban entonces. La SJA había ido a parar al Limbo después de Crisis para que no estorbase en el proceso de limpieza general. De allí volvieron en la horrenda Armageddon: Inferno en 1991 para protagonizar dos series regulares de muy breve duración; se debió esto en buena parte a los poco inspirados autores que se encargaron de ellas y a las circusntancias del medio.

Así pues, aunque fuera una historia no oficial, La edad de oro se convirtió en una forma de usar bien a los personajes clásicos. James Robinson, gran conocedor de todos ellos, se ubicó bastante en la continuidad pero, en un momento concreto, dio rienda suelta a su historia y a los cambios históricos que se produjeron en este "Otros Mundos". Más que una historia de superhéroes, se trata de un análisis de cómo sería un mundo que está en guerra y que cuenta con seres tan poderosos como Green Lantern. La intriga política urdida por falsos héroes, a quienes la opinión pública convierte más en dioses con pies de barro que otra cosa, protagoniza esta historia. Incluso en los momentos más superheroicos, Robinson utiliza la historia como telón de fondo. Y no sólo la del mundo, sino también la del propio género cuando emplea como puente entre generaciones a cierto personaje de los años cincuenta.

Tan sabiamente como teje el entramado político, Robinson utiliza como personajes principales a algunos de los menos conocidos. Probablemente, poner en primer plano a Flash o Green Lantern habría sido incómodo, así que opta por los más "manejables" por ser menos famosos, como Johnny Quick, Manhunter o Dynamite. Esto no significa que no aparezcan los grandes, que también tienen sus momentos.

Paul Smith, por su parte, sorprende por la oscuridad que es capaz de transmitir en momentos ciertamente truculentos. Ya sabíamos que era un gran dibujante, pero no que podía manejar tan bien escenas como la paranoia pastillera de Hourman o el estrés post traumático de Manhunter. Es cierto que el excelente color ayuda en esos momentos, pero no se le puede quitar ninguno de sus muchos méritos. Un dibujo tan bueno estaba a la altura de una historia ciertamente atractiva. 1993 no fue un año propicio para que confluyeran en un mismo título un buen dibujante y un buen escritor, pero las excepciones fueron más que dignas y ésta fue una de ellas.
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